¿De que está hecho el Everest?

Estos días la palabra Everest está en boca de todos. Diferentes alpinistas han hoyado su cumbre de diferentes maneras y dejando actividades que pasarán a la historia, como un ejemplo la doble ascensión rápida de Kilian Jornet a la cual le dediqué un artículo aquí hace unos pocos días: Sobre Kilian Jornet, sus precedentes en la ascensión rápida del Everest y los medios de comunicación.

Ayer, en un artículo del Heraldo de Aragón en el que entrevistan al geólogo Ánchel Belmonte, encontré una pregunta que nunca me había planteado y que me pareció muy interesante compartir por aquí ¿De qué está hecho el Everest?

 

Cara norte del Monte Everest. Fotografía de Charlie Hall.
A continuación te dejo el fragmento de la entrevista del Heraldo:

 
“¿De qué está hecho el Everest? Sí, puede que no sea el pico más bonito pero sin duda sus dimensiones hacen del Everest y sus 8.848 metros una de las montañas más conocidas por todos y más codiciadas por los montañeros. Verlo por primera vez, durante la segunda jornada del ‘trekking’ a su campo base, produce una gran emoción. Lo conocemos por el nombre del coronel y topógrafo británico Sir George Everest, aunque sus nombres auténticos son Sagarmatha (en Nepal) y Chomolungma (en el Tíbet).

Geológicamente, el Everest ilustra de manera espléndida algunos aspectos de la gran teoría que nos explica cómo funciona la Tierra: la tectónica de placas. El Himalaya es el resultado de la colisión entre las placas india y euroasiática, que empezó hace 60 millones de años. Esta colisión continúa en la actualidad, como evidencian los numerosos terremotos que sacuden la cordillera y hacen que siga creciendo. El choque entre placas provoca que las rocas situadas entre la India y Asia, muchas formadas en el fondo del mar, hayan quedado ‘pinzadas’ entre ambas, plegadas, rotas y elevadas miles de metros.

La base de la montaña, situada sobre el glaciar del Khumbu, está compuesta por gneises y granitos. Sobre ellos, un gran espesor de esquistos sustenta la pirámide cimera. Esta se halla formada por las famosas ‘bandas amarillas’, unas capas de mármol amarillento muy visibles no solo en el Everest sino en el Lhotse (8.516 m), el gigante vecino. Por último, y para sorpresa de los primeros geólogos que lo estudiaron, coronando la montaña encontramos unas rocas sedimentarias de más de 400 millones de años de antigüedad. Se trata de unas lutitas y calizas que contienen fósiles de crinoideos, seres conocidos popularmente como lirios de mar. Un poco antes de la cima afloran unas rocas llamadas trombolitas, un arrecife formado por cianobacterias en una zona próxima a la costa en un mar tropical poco profundo.

En definitiva, el techo del mundo se formó en el fondo del mar. La fuerza de la Tierra es capaz de mudar los paisajes de manera radical. Incluso las rocas de nuestro planeta, a su ritmo, viven y cambian.”

Pues sí, aunque parezca increíble, el techo del mundo está formado por fósiles marinos que hace unos 400 millones de años comenzaron a elevarse para convertirse en lo que es hoy. La montaña no deja de sorprenderme.

Fuentes:

Heraldo de Aragón: Pirineo e Himalaya. No tan lejos, no tan distintos.

Geología y Mapas: Geología del Monte Everest.

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